miércoles, 20 de mayo de 2015

Ponchos

Mis hijas tienen este juego: cuando ven un auto viejo lindo dicen "Poncho". El fin de semana salimos a sacar fotos por el barrio con hija#2 y aparecieron estos ponchos.





lunes, 18 de mayo de 2015

La palabra

Runa quedó entre Los Pichiciegos y Fontanarrosa. 

Leí Runa, un libro extraño de ese escritor extraño que es Enrique Fogwill. Es un conjunto de textos en el que un miembro de alguna civilización pre-histórica le habla a un antropólogo. En un prefacio no titulado como tal, se dice que "la historia occidental (...) es una compilación de escritos sobre acontecimientos junto a escritos acerca de escritos y a críticas escritas destinadas a legitimar a unos, descalificar a otros o explicar las causas de su escritura y las causas de los acontecimientos que entre tanto papiro, tablas, papel y microfilms subsistían como relatos de algo que pudo suceder." (p. 11) A partir de allí se suceden los textos de algo que pudo suceder, un encuentro entre un antropólogo y su objeto de estudio, pero menos enfocado en las costumbres, los ritos o las estructuras de poder que sobre la palabra. Se trata de un libro sobre la palabra, sobre el surgimiento de la palabra y el lenguaje y sobre cómo se empiezan a contar las historias antes de la Historia.
Lo que hay en Runa, sobre todo, es la desnaturalización del lenguaje: "siempre inspiradas en lo que sucedió, una vez hechas paso por los buúlg, las palabras se vuelven falsas." (p. 22) Las bebidas con alcohol son "los jugos que ablandan" (p. 49), aprender a montar un animal es "sentarse encima de un animal" y conseguir que "las patas del animal caminen por ellos" (p. 57) y los aviones con los que llegan los blancos son "pájaros que se mueven por el cielo y al pasar dejan oír un trueno (...) pájaros de piedra brillante con unas alas largas" (p. 80) La palabra, el lenguaje, es un capital clave: por eso algunos aconsejan ceder de más si es necesario a la hora de intercambiar personas con otros pueblos "porque algunos de esos niños volverán conociendo la lengua de los otros". (p. 33) (Los pueblos conocidos por los de las enramadas y los fuegos son "del país de atrás de la montaña, del de la nieve, del de la arena y el agua grande y azul y de la tierra de los hombres rata", p. 59) Al final, lo que ocurre es que el lenguaje occidental, abstracto, aparece desnaturalizado: "Los de su país nunca podrán hablar como nosotros ni entender bien lo que decimos. No miran a los ojos ni a la nariz del que les habla, ni saben hablar con la nariz y con los ojos (...) Ustedes tienen cajas que guardan la voz y los ruidos y de noche los vuelven a escuchar, pero así es peor para entender y entienden menos que si no tuvieran guardadas las palabras." (p. 84)
Runa no es un libro divertido, tampoco me pareció brillante, aunque me reservo la posibilidad de no haber entendido suficiente, pero sí es un libro bello; editado por Interzona, impreso en buen papel con una hermosa tipografía e ilustrado con dibujos rupestres de distintas civilizaciones. Estoy contento de tenerlo en mi biblioteca, donde quedó al lado de Los Pichiciegos y de Fontanarrosa. 

lunes, 11 de mayo de 2015

Rotas cadenas


Cuando como una medialuna me gusta agarrar la punta del rollo y desenrollarla toda, ir sacando las capas de masa, deshilachando la medialuna y comerla así, de a poco. En Freedom, Jonathan Franzen hace eso con su historia, pero como si fuera una mamushka de medialunas: aparecen nuevos hilos de historia, de vínculos, que iluminan la forma en que se fueron generando sus personajes. Es que, como en The Corrections, en Freedom Franzen hace la disección de una familia, un gran relato de tres generaciones de vínculos humanos: padres e hijos, hermanos, parejas, todos acompañándose, queriéndose, compitiendo, haciéndose daño, perdonándose.
La novela empieza con un capítulo relativamente corto en una tercera persona más o menos tradicional y después hay un largo texto que es la autobiografía de uno de los personajes, Patty. Después le siguen capítulos bastante extensos en terceras personas que son primeras rotativas y más o menos sucesivas: es decir, escribe un capítulo en tercera persona pero desde la perspectiva bien cercana de un personaje; en el capítulo siguiente la narrativa avanza desde la perspectiva de otro, pero volviendo a veces a cosas que ya vimos antes y así sucesivamente. Es notable como Franzen logra repetirse lo mínimo indispensable como para ver las distintas miradas de los personajes sobre un mismo hecho o cuestión sin tornarse pesado.
En el centro de la novela está la idea de la libertad, la libertad como bendición o como maldición a la hora de vivir. (En The Corrections Franzen hablaba de la idea de corregir y usaba el concepto de corrección en diferentes situaciones y formatos; acá hace lo mismo con la idea de libertad, usando la palabra con todas sus connotaciones posibles.) La cuestión es que todos los personajes, empezando por el triángulo básico de Walter Berglund, su esposa Patty y su amigo Richard, tienen que liberarse de algo (de sus familias de origen, de vínculos enfermizos) o entregarse a vivir en algún yugo (vínculos románticos, decisiones vocacionales, etc.), a decirse "esto soy yo". Alrededor de esos tres personajes aparecen también sus familias de origen, hijos, amigos, trabajos, todo con detalles que se multiplican. El gran punto, para los Berglund, como para casi todos, es aprender a vivir con esa libertad; como dice una vecina de ellos hacia el final del primer capítulo "Me parece que todavía no le encontraron la vuelta a esto de vivir." (p. 33) 
En una visita a su hija Jessica, que está estudiando, Patty encuentra una piedra grabada con la leyenda "USAD BIEN VUESTRA LIBERTAD" (p. 230) Todos los personajes de Freedom están en esa lucha, que no significa la lucha por ser libres, sino por descubrir qué libertad les es propia. Hacia el final de la novela, no podés estar seguro de si lo lograron o no, pero sí que lo siguen intentando. Walter parece entender que "Era la única manera en que sabía cómo vivir: con disciplina y sacrificio" (p. 401); su hijo Joey parece entender que la libertad total por la que siempre luchó tiene sus limitaciones; Patty descubre en carne propia que, como dice Walter, "la única cosa que nadie te puede sacar es la libertad de cagar tu vida" (p. 453) y así sucesivamente. Todos parecen descubrir que vivir es ir tratando de entender, paso a paso, cuáles cadenas es mejor romper y cuáles, quizás, sólo acomodar un poco y por un tiempo.

Originales de las citas usadas
"I don't think they've figured out yet how to live". (p. 33)
"USE WELL THY FREEDOM". (p. 230)
"It was the way he knew how to live: with discipline and self-denial." (p. 401) 
"People come to this country for either money or freedom. If you don't have money, you cling to your freedoms all the more angrily. (...) You may be poor but the one thing nobody can take away from you is the freedom to fuck up your life". (p. 453)

martes, 28 de abril de 2015

Un faro


En el arte de tapa de la edición que tengo de Antarctica, colección de cuentos de Claire Keegan, hay un faro. En los quince cuentos que siguen, Keegan es eso, un faro que ilumina por oleadas distintos aspectos de la vida de sus personajes: las pequeñas tristezas, las apuestas peligrosas, los esfuerzos por mantener la respetabilidad ("Ella siempre tenía buena ropa de cama en caso de que se enfermara y que no quisiera que el doctor o el cura anduvieran diciendo que tenía sábanas gastadas." - p. 142) y los ocasionales actos de rebelión.
Once de los quince cuentos tienen como protagonistas a mujeres, y una proporción similar ocurre en partes rurales de Irlanda (el resto en distintos lugares de EE.UU.) Me gustaron más los cuentos de esas mujeres irlandesas, muchas veces atrapadas o encerradas: físicamente en "Antarctica", emocionalmente en "Love in the Tall Grass", biológicamente en "Quare Name for a Boy". A veces se logran rebelar (si no escapar), como la madre de "Men and Women" y la hermana de "Sisters". Esas mujeres tratan de entender el mundo y su lugar en él, como la niñera que dice "Pequeñas cosas, para eso sirven los padres, hasta donde puede ver. Cosas prácticas. Cómo atarte los cordones y ajustarte el cinturón de seguridad." (p. 45) O la hija más chica que dice "Así es la cosa en nuestra casa, todos saben cosas pero hacen como si no las supieran." (p. 50) Otra: "¿'Tus padres no duermen en la misma cama?' dijo con una voz de genuino asombro. Y ahí fue cuando sospeché que nuestra familia no era normal." (p. 130)
Keegan ilumina esos recovecos de la consciencia con detalles de escenas de todos días, el foco puesto en un color, en una textura, en un aroma. La hija describe a la madre: "Sus nuevos zapatos de tacos altos dicen clapeti-clap-clap sobre el piso patinoso y su pollera roja brilla." (p. 131) Casi sentimos los billetes en las manos: "Él era liberal con su dinero, lo llevaba arrugado en sus bolsillos como recibos viejos, no alisaba los billetes ni cuando los entregaba." (p. 6) "Él olía a cerveza y aftershave Polo y la niñera sintió el frío salir de su traje de lana de calidad." (p. 43) La memoria emotiva que despierta un sonido: "Escucha las ranas croando y por alguna razón recuerda el tock, tock, del alambrado eléctrico allá en casa." (p. 45) Todo eso, además, con metáforas o comparaciones como "El agua está más fría que un sueño roto" (p. 23) o "Y el olor, como un dormir pegajoso" (p. 79). En definitiva, una colección maravillosa de cuentos que se leen en silencio y que despiertan ganas de abrazar a sus personajes.


Originales de las citas usadas
"She always keeps good bed-linen in case she'll get sick and she wouldn't want the doctor or the priest saying her sheets are patched." (p. 142)
"Small things, that's what fathers are for, far as she can see. Practicalities. How to tie your shoelaces and buckle your seat belt." (p. 45)
"That's the way it is in our house, everybody knowing things but pretending they don't." (p. 50)
"'Your parents don't sleep in the same bed?' she said in a voice of pure amazement. And that was when I suspected that our family wasn't normal." (p. 130)
"Her new high-heeled shoes say clippety-clippety on the slippy floor and her red skirt is flaring." (p. 131)
"He was free with his money, kept it crumpled in his pockets like old receipts, didn't smooth the notes out even when he was handing them over." (p. 6)
"He smelled of beer and Polo aftershave and the au pair felt the cold off his good wool suit." (p. 43)
"This water is colder than a broken dream." (p. 23)
"She listens to the frogs ribbuting and for some reason remembers the tock, tock of the electric fence back home." (p. 45)
"And the smell, like sleep gone sticky." (p. 79)

miércoles, 22 de abril de 2015

Long-don

Hago el apunte para no perder la costumbre de escribir sobre lo que leo, aunque no me haya gustado. Leí muchas novelas históricas en una época y me encantaban. Con James A. Michener aprendí de forma entretenida mucho de la historia de Colorado, la bahía de Chesapeake, Polonia, Texas, Sudáfrica y quizás otros lugares más. Traté de hacer lo mismo con London, de Edward Rutherfurd, pero no me enganchó, a pesar de que siempre me gustó la historia inglesa y de que tenía un viaje por delante a esa ciudad. Lo dejé más o menos llegando al tercio del libro. Demasiado largo y sin personajes que me engancharan. Lo bueno es que en el viaje compré Antarctica, de Claire Keegan, que me está encantando: ya viene el apunte.